Pero, ¿Por qué hablar de una problemática ambiental?

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Desde pequeña, estando en el colegio, me cuestioné por qué las personas no sentían la necesidad de entrar en relación con la naturaleza, de respetar y cuidar nuestros ecosistemas, y a partir de esa cuestión surgió en mí el sentimiento de conocer más, de comprender la importancia de interactuar con el ambiente y poder realizar acciones concretas que pudieran impactar positivamente la naturaleza. Fue así como empecé a buscar carreras profesionales que me llevaran a ese objetivo planteado y descubrí la ingeniería ambiental, carrera en la cual vi y veo el potencial para entender las interacciones con la naturaleza de manera positiva. Con esta carrera pude comprender cómo nuestras acciones, por más pequeñas que sean, influyen directamente con nuestro entorno, y es que realmente todo está relacionado, es una red, donde hay infinidad de conexiones que, si se rompen, pueden traer efectos negativos en nuestra vida y en la vida de todos los seres que habitan el planeta tierra.

A lo largo de la carrera me seguía cuestionando sobre cómo vemos la naturaleza y el concepto que se asocia a esta, que es simplemente un concepto de uso, extracción y beneficio que nos brinda, pero es aquí donde nos damos cuenta que la naturaleza es más que eso, más que solo un recurso que podemos usar para nuestro desarrollo o progreso. No podemos seguir ignorando que el uso inadecuado que le hemos dado a la naturaleza ha puesto en gran riesgo todo nuestro sistema planetario, simplemente porque queremos dominarla y restringirla a nuestra disposición.

Hace algún tiempo escuché una reflexión que se hacía sobre la similitud entre la naturaleza y la mujer, y me sorprendió tanto lo que decían porque me daba cuenta que muchos de los argumentos que daban eran realmente ciertos, y es que con el simple hecho de ver cómo “usamos” a la naturaleza, la maltratamos y degradamos, nos damos cuenta que así mismo pasa con nosotras las mujeres, que realmente hemos tenido que sufrir el maltrato, la denigración y el irrespeto por muchas generaciones, pero que hoy en día luchamos por nuestros derechos, así como algunos luchamos por los derechos del ambiente, de la naturaleza que ha sido saqueada.

Otro aspecto que también marcó la visión que tengo de la naturaleza, fue conocer e interactuar con las comunidades indígenas de la Amazonía en una de las salidas de campo de la universidad. Con este acercamiento entendí una pequeña parte de la relación tan fuerte que los grupos indígenas tienen con la madre naturaleza, pasando de una visión antropocentrista a una visión donde el ser humano está en constante armonía y relación con toda la naturaleza. Dentro de su cultura se logra ver como valor intrínseco el respeto asociado a la parte natural y la parte humana. La naturaleza en sí misma tiene valor, solo por el hecho de existir tiene una esencia y a partir de esta se entiende el concepto del respeto, que se puede comprender más a fondo al momento de usar la naturaleza como una fuente o un recurso, ya que para ellos es importante pedir permiso y dar las gracias a cada planta que va a ser usada en la comunidad para diferentes fines. Por otro lado, está la concepción que tienen del ser humano, de la relación con el otro, que también por el solo hecho de que la persona exista merece respeto por encima de su manera de pensar. Este concepto está ligado a la tradición oral transmitida ancestralmente, haciendo parte de su identidad cultural el respeto entre todos los pueblos.

A partir de estas experiencias es importante entender que debemos pasar de un extractivismo descontrolado de los recursos naturales a un equilibrio ecosistémico que se genera con el uso adecuado y controlado de los mismos, es decir, comprender que para tener salud humana debe existir la salud ambiental y de los ecosistemas, no solo por la dependencia que tenemos de estos recursos, sino por el cuidado y la valoración que estos deben tener.

Al analizar estas situaciones, nos damos cuenta que son lejanas a la realidad de una ciudad y que precisamente en esta es donde debemos empezar a actuar concretamente. En este sentido, nació como experiencia el proyecto de huertas urbanas, que surgió inicialmente como idea para realizar el trabajo de grado de la universidad, el cual contemplaba el diseño de una huerta urbana sostenible en un Centro Social de la ciudad de Bogotá, con un enfoque integral hacia el aprovechamiento del agua lluvia y los residuos sólidos. Luego de concluir con el diseño, mi compañera de proyecto y yo decidimos darle continuidad e implementarlo con ayuda de varios voluntarios del movimiento y fuera de él. Este proceso ha sido acompañado con diferentes talleres ambientales para que la comunidad conozca los conceptos básicos sobre seguridad y soberanía alimentaria, y así puedan apropiarse y liderar aún más el proyecto.

Así como este proyecto hay muchos que se pueden realizar en las ciudades y diferentes entornos, demostrando que es posible actuar desde cada una de nuestras realidades con actos sencillos como cosechar nuestros propios alimentos, separar los residuos en casa o hacer compost, actos que son concretos y permiten un cambio real en nuestra sociedad.

Por Valentina Luna Cárdenas – Colombia

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