Alba, gracias por hacer que las cosas sucedan

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Alba es una mujer radiante, como bien lo dice su nombre, una mujer inquieta y al mismo tiempo emprendedora. La conozco desde que tenía 5 años, cuando en 1981 llegué a Caracas para abrir una de las sedes de los Focolares en Venezuela. Su familia es pionera del Ideal de la Unidad en ese país. 

Ya desde adolescente se evidenciaba en ella una característica peculiar que luego me confirmó: “Siempre he tratado en lo posible de hacerle a los demás lo que me gustaría que me hicieran a mí, es por eso que desde el 2006 nació la iniciativa de ‘La Fiesta de Cumpleaños del Niño Jesús’, una actividad diseñada para contrarrestar las diferencias sociales en niños que por su condición se sienten excluidos en Navidad y para los cuales más que ser una fecha propicia para alegrarse por el nacimiento de Jesús, es un tiempo donde el consumismo intensifica las diferencias sociales”.

Es interesante descubrir como también la fundadora de los Focolares se había dado cuenta de esto, tanto que dedicó para su vida aquella famosa frase del Evangelio que reza: “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20, 35). “La cual – confirma Alba – desde ese momento se convirtió en mi slogan”.

Al comienzo del milenio nuestros caminos se dividieron porque tuve que cambiar de sede y dejar Venezuela, pero, sin querer queriéndolo, después de 17 años nos encontramos comprometidos en lo mismo aun en países distintos: ella en Colombia y yo en Perú. No obstaste, el motivo común es único: los migrantes, principalmente venezolanos. 

Este es el motivo de esta breve entrevista que tengo la posibilidad de hacerle.

¿Quién es Alba Rada Berroterán?

“Soy madre y mujer venezolana. Nací en Caracas. Soy dibujante técnico, diseñadora gráfica y presidente de la Fundación RadaBer. Desde hace casi 8 años vivo en Tocancipá, Cundinamarca, Colombia.

En el 2007, luego de haber trabajado unos años como docente universitaria en el área del diseño y otros tantos en un centro de capacitación industrial de los Salesianos, decidí registrar una empresa de diseño gráfico, en la cual se trabajaba la imagen corporativa especialmente en cuatro aspectos; imagen gráfica, material POP con productos elaborados y sublimados por nosotros, fabricación de lencería de alta rotación para clínicas y hoteles, y elaboración de kits de admisión para clínicas. Empresa que se adhería al estilo de empresa de ‘Economía de Comunión’, proyecto que nació en Brasil en 1991 por Chiara Lubich y al cual pertenecen centenares de empresas a nivel mundial. Pero, en un momento dado, me vi obligada a migrar…”.

Puedo imaginar ese momento y la incertidumbre con respecto al futuro. ¿Cómo fue la acogida?

“Al llegar a Colombia, los miembros de los Focolares me dieron una cálida acogida, me asesoraron y acompañaron a hacer todo el proceso de legalización, pude matricular a mis hijos en la escuela Sol Naciente, la cual es llevada adelante con los principios evangélicos, me dieron posada mientras encontraba una vivienda para alquilar y me hicieron una cena de bienvenida donde nos regalaron utensilios y cosas necesarias para la casa”.

¿Pudiste encontrar trabajo? ¿A qué se debe el interés por los migrantes?

“Llegué a Colombia en el 2014, comencé trabajando como secretaria y luego auxiliar contable en un colegio donde pude conocer tanto el sistema educativo colombiano como la legislación contable.  Debido a la situación actual de Venezuela, he visto la necesidad urgente de auxiliar a todos aquellos coterráneos que están pasando situaciones de extrema necesidad en salud, alimentación, vestimenta, vivienda, documentación, educación y trabajo, pudiendo ayudarlos con asesorías, asistencia, apoyo, intercepción y/o defensa, logrando solventar situaciones complejas para poder tener vidas más dignas. En 2018, luego de que aumentara considerablemente la llegada de migrantes venezolanos en la zona, decidí constituir la Fundación Radaber, con sede en Tocancipá – Cundinamarca”. 

¿Cuál es la situación de los migrantes?

“Tocancipá es una ciudad de unos 40 mil habitantes al norte del Departamento de Cundinamarca que se está desarrollando como ciudad industrial, ya que varias empresas nacionales y multinacionales están abriendo sus plantas aquí. Este desarrollo abre un abanico de posibilidades laborales a los migrantes venezolanos que hacen vida en el municipio y se caracterizan por su gran profesionalismo, creatividad y responsabilidad. 

Aquí encontramos dos tipos de ciudadanos venezolanos debido a la situación geográfica.

▪ Unos son los caminantes venezolanos que salen o se están regresando a Venezuela desde otras partes de Colombia, Ecuador, Perú o Chile, y diariamente pasan por las adyacencias del pueblo después de días caminando sin la protección adecuada para el clima, frecuentemente con un alto grado de desnutrición y expuestos completamente al virus.

▪ Otros son venezolanos que han decidido permanecer y radicarse en Tocancipá o los pueblos cercanos, pero que la gran mayoría no tiene ni lo más básico para vivir. Hay familias enteras, jóvenes, niños, algunas personas que trabajan para mantenerse ellos y enviar algo a sus familiares en Venezuela para que puedan hacer al menos una comida diaria. 

Hay casos realmente preocupantes, sobre todo familias con niños donde ninguno de los papás logra conseguir un trabajo estable, personas con depresión severa al punto de suicidio y así muchos otros casos.

Migrantes. Fundación. Interesante, háblanos de eso.

“La Fundación RadaBer es una organización sin fines de lucro, que tiene como fin la utilidad social inspirada en valores que promueven la fraternidad universal y el desarrollo de las personas de forma integral. Actualmente enfocada en la población migrante venezolana, colombianos retornados y otros ciudadanos colombianos en situación vulnerable, establecida o de paso, principalmente en los Municipios de Cundinamarca: Tocancipá y sus alrededores, incluso hasta parte de Bogotá. Ya desde nuestros estatutos está estipulada la atención a personas vulnerables, indiferentemente de su nacionalidad. Manejamos un censo de más de 19 mil personas. 

Hacemos parte de cuatro agrupaciones de ONG, a través de quienes recibimos importante apoyo de organismos internacionales como ACNUR, OIM, OEA, USAID, Consejo Noruego para los Refugiados, Cruz Roja y también de entes nacionales y regionales del gobierno colombiano, tales como Gerencia de Fronteras, Migración Colombia y Defensoría del Pueblo, entre otros, aunado a la iniciativa privada. 

Trabajamos con donaciones que nos llegan de organizaciones internacionales y nacionales, empresas privadas, gobierno nacional, diferentes iglesias y particulares. También, entre todos, cada quien según sus posibilidades, ponemos en común ingredientes, desechables, efectivo, trabajo, etc., para poder cubrir las necesidades de quienes vienen a nuestro encuentro por ayuda.

Si bien nos encontramos limitados por falta de recursos económicos, confiamos en que llegarán más donaciones para poder consolidar el trabajo con las diferentes comunidades y poder seguir haciendo verbo la frase del evangelio: ‘Tuve hambre y me diste de comer… (Mt 25, 35)’.

Alba siempre repite una frase que le ha gustado: “Es posible que ayudar a una persona no cambie el mundo entero…pero sí puede cambiar el mundo de una persona”.

Por Silvano Roggero – Perú

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