EdC: del sueño a la realidad

0
33
 

Ciudadnueva Interamericana quiso conocer la experiencia de María Luisa Altamirano, contadora pública y socia gerente de Indivisa (Servicios Integrales Empresariales, S.C.), una firma de Consultores y Auditores, adherida a la Economía de Comunión (EdC) en México.  

¿Cómo nació en ti la idea de adherir en la EdC?

La idea de adherir nació cuando comprendí que la EdC podía ser realidad en la empresa y en mi vida, esto sucedió cuando comencé a participar en el movimiento de los Focolares y a conocer “El Arte de Amar”, poco antes para mí era extraordinario, pero una utopía.  Mi interés me llevó a buscar literatura.   Los cambios iniciaron y me vi escribiendo el sueño de cómo hacer una realidad la EdC en mi país, fue entonces cuando comprendí que no era una hermosa teoría, debía hacerla vida.

Entendí que era una vocación, que ante los grandes desafíos del día a día, nuestro trabajo podría ir más allá del apoyo a nuestros clientes para realizar buenas prácticas financieras y fiscales. Encontré que nos proporcionaba herramientas para abordar los complejos problemas que enfrentamos, incluidos los económicos, nos enseñaba a escuchar, a compartir, a dialogar, a crear consenso, a comprometer, a cooperar, a dar el primer paso, a mostrar misericordia, a correr riesgos, y sobre todo, a amar. Viviendo las relaciones con dignidad, respeto e igualdad.

El cambio me llevó a tener diferencias con mis socios, que no comprendían la centralidad de la persona, fue así como dos años después de conocer la EdC nos separamos de la firma.  Dejaba la seguridad económica para iniciar una bella aventura.  Al constituir la nueva empresa, nos adherimos a EdC.

¿Qué quiso decir para ti como profesional la EdC y para tu empresa?

Como profesional reafirmó mis convicciones éticas y morales, mi trabajo no culminaba con logros económicos de los clientes, ahora podía trascender, iniciando con la vida de mis colaboradores que veía con mayor respeto, no solo por su trabajo, me importaba su vida y su tiempo. Debo decir que hasta entonces me percaté de la pobreza que vivía, encontrando su verdadero sentido, la vorágine me había llevado a tener ocupado mi tiempo que me confundía, al grado que creía tener una vida resuelta.

Dentro de la empresa cambió nuestra relación, ahora importaba la opinión y hacer consenso, con el principio de la confianza. No ha sido fácil, pero ya han pasado 14 años y hoy podemos reconocer que lo vamos logrando, también en la relación con nuestros clientes y la comunidad.  No lo hacemos haciendo prédicas, sino viviendo día a día con congruencia.

Hoy nos involucramos de forma diferente con los clientes, además de nuestro trabajo profesional, procuramos fomentar las relaciones interpersonales con los dueños y sus colaboradores, esto exige tiempo y mayor compromiso, pero sobre todo calidez humana, que no tiene precio. Es en las pequeñas cosas donde nacen las diferencias.

¿Cómo es el reflejo de su trabajo en la sociedad?

Para contestar comparto una experiencia con uno de nuestros clientes.  Una empresa familiar con muchos años de existencia y un buen número de colaboradores, con costumbres muy arraigadas y la fuerte figura del patriarca.    Por lo tanto, los cambios son un reto, pero con la confianza que hemos ganado con el tiempo dedicado a las relaciones interpersonales, se van logrando.  Los socios saben de nuestra adhesión a EdC y conocen nuestros valores, me dicen que soy positiva y optimista por creer más que ellos en su empresa.  

Cuando los comenzamos a tratar supe que uno de ellos nunca había trabajado, estaba en la empresa por exigencias de familia.  Ha sido una linda experiencia conocerlo, es un hombre que ha vivido siempre muy bien y en diversos países del mundo, sin embargo, se ve constantemente enfadado, se dedicaba a vigilar que sus colaboradores trabajasen, tratándolos mal. 

Creo en la necesidad de la felicidad en el trabajo, en las relaciones “positivas” como el respeto, la estima y la generosidad, así que esta situación dolía. Cuando gané su confianza me hizo conocer su vida y sus dolores, y también pude observar su gran capacidad.  Así, le propusimos ser líder de un proyecto que iniciábamos. Argumenta que no está hecho para el trabajo, pero aceptó. Hoy puedo decir que es mi amigo, trabaja e intenta entender a los colaboradores, grita menos y ya sonríe. Pero además, escucha sus opiniones, se interesa y lo involucran cada vez más… creo es un buen principio.

Con esto y muchas más experiencias compruebo cada día que la comunión es el camino, que se da cuando nos vemos de igual a igual, que se traduce en un diálogo de confianza, libertad y pluralidad, que nos hace descubrir e intercambiar dones. Y las empresas que logran estos cambios son células que pueden transformar la sociedad.

También tenemos vinculación con seis universidades; les compartimos nuestros valores y damos a conocer la EdC. Las universidades envían sus estudiantes a hacer sus pasantías, y de estas prácticas tenemos hermosas experiencias. En otros momentos, se han dado algunas pláticas y en una de estas universidades hicimos un evento para dar a conocer la EdC.

Por la Redacción

Artículo anteriorLos jóvenes pasan al frente
Artículo siguienteComunidad venezolana en el mundo: una misión por descubrir

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí