Práctica ecológica en familia

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Alguna vez te preguntaste, ¿cómo se produce lo que comemos?

Cada año en un solo país, se utilizan más de 300 millones de litros de agro tóxicos que contaminan el subsuelo, nuestra agua, nuestros alimentos. La agricultura química produce un sistema alimentario que está en crisis, el amor de las recetas familiares queda empaquetado en comidas prefabricadas. La calidad de la vida incluye desde luego la alimentación, en la actualidad se practica una agricultura industrial, que produce alimentos a gran escala con el uso intensivo de fertilizantes e insecticidas químicos, así como de semillas transgénicas. Los laboratorios químicos han logrado aumentar la producción pero a acosta de la contaminación de la tierra y de los alimentos con genes alterados; sin duda son avances que dan ventaja en cuanto a la cantidad no ha si en cuanto a la calidad, de ahí que como respuesta a esta forma de producir alimentos se ha desarrollado la agricultura orgánica que busca producir alimentos sin el uso de fertilizantes químicos, dicha actividad en algunos casos se le ha dado por nombre agricultura clandestina porque va en contra de los intereses de los grandes laboratorios productores de semillas transgénicas y fertilizantes químicos, además de vender sus productos directamente al consumidor y no en las grandes tiendas transnacionales.

En nuestra familia, hemos hecho unas mesas de cultivo con material reciclado que por sus dimensiones pueden ubicarse en un pequeño espacio incluso en el techo, contiene: una capa de tierra abonada con fertilizantes orgánicos, tierra de lombriz y otros materiales obtenidos del entorno como hojas, aserrín, ceniza, melaza, carbón, harina de roca, levadura, estiércol, y agua. Son un excelente sustrato para el cultivo de cebollas, papas, cilantro, jitomate, betabel etc. De esta forma obtenemos verduras sin la contaminación de los químicos y de manera muy económica, donde aprovechamos alimentos orgánicos, mejorando significativamente la calidad de la alimentación y de paso colaboramos con la limpieza del planeta disminuyendo el uso de químicos, en un pequeño espacio podemos obtener suficientes verduras para nuestro consumo pudiendo incluso compartir incluso con nuestros vecinos. Este es un procedimiento que nos enseña a pescar, para romper el círculo vicioso del paternalismo, ya que citando a Luigino Bruni “un indigente es aquel que no participa directa o indirectamente en la producción de lo que consume, las acciones con relación a los pobres deben incluir a los pobres, es decir, no organizar acciones para los pobres, sino con ellos, respetando su dignidad y su capacidad de participar en el esfuerzo de trabajar para ganarse el sustento”.

Por Gabriel Medina y Carmelita Herrera – México

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